domingo, 19 de enero de 2020

DOMINGO II T.O. (A)


-Textos:

       -Is 49, 3. 5-6
       -Sal 30, 2 y 4ab.7-10
       -1 Co 1, 1-3
       -Jn 1, 29-34

Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

Queridas hermanas benedictinas y queridos hermanos todos:

Ha terminado el tiempo de Navidad, y la liturgia de la Iglesia nos invita a entrar en el tiempo que llama ordinario, una nueva etapa en el curso de fe y vida que nos propone la madre Iglesia a través de la liturgia.

Y para empezar, este domingo nos propone escuchar a san Juan Bautista. San Juan Bautista ocupa un lugar providencial y muy importante en la historia de la salvación. Sus contemporáneos llegaron a creer que él era el Mesías, Dios le encomendó la misión de preparar los caminos del Señor; es, después de la Virgen María, el mejor guía para conducirnos al encuentro con Jesús y disponernos a creer en él.

Del Bautista podemos tomar en cuenta hoy dos cosas: su ejemplo y su mensaje:

Juan el Bautista nos da, en primer lugar, ejemplo de humildad: “Tras de mí viene un hombre que está delante de mí”. Su humildad da lugar a que pongamos nuestra atención en Jesús y no en él.

Una buena lección para nosotros, los sacerdotes y ministros de la palabra de Dios: no valernos de la predicación para nuestro provecho personal o nuestro prestigio. Y una gran lección también para todos: la humildad es la verdad, y la verdad es que nosotros, todos, somos criaturas de Dios, no somos dioses, somos criaturas de Dios. De Dios nos viene la vida. Y en la medida que vivimos conforme a la voluntad de Dios, nosotros nos realizamos como personas y alcanzamos la felicidad. Por eso, la humildad es la mejor disposición para alcanzar la fe. La soberbia es el mayor obstáculo para la fe, la humildad, el mejor modo de alcanzarla y acrecentarla.
Además de humildad, el Bautista nos da ejemplo de cómo vivir y dar testimonio de nuestra fe: “Yo lo he visto y he dado testimonio”. La fe es un don de Dios, cierto, pero la fe es también transmitida, y es misión de los creyentes. Para transmitir la fe a los hijos, a los jóvenes y a los adultos, la mejor y más eficaz manera, sin duda, es el testimonio de una fe verdaderamente vivida, que puede decir, como el Bautista: “Y yo lo he visto”, es decir: tengo trato con él, Jesús es mi consejero, mi amigo y confidente, mi fuerza y mi orientador.

Hemos dicho que del Bautista tenemos que recoger también su mensaje: Y ¿cuál es su mensaje? – “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.

El Bautista hoy nos deja a los pies de Jesús. Al comenzar este nuevo tiempo litúrgico, llamado ordinario, este curso largo pero vital para vivir como cristianos, que son la Palabra de Dios y la eucaristía de cada domingo, san Juan Bautista reclama nuestra atención y nos dice: “Este es el Hijo de Dios”. Seguidle y escuchadle.

Hermanos, ya tenemos tarea para varios meses.