domingo, 24 de julio de 2016

DOMINGO XVII, T.O. (C)


Textos:

       Gn 18, 20-30
       Col 2, 12-14
       Lc 11, 1-13

Señor, enséñanos a orar… -Cuando oréis decid: Padre…”

Queridas hermanas benedictinas y queridos hermanos todos:

Estamos en la iglesia de un monasterio, en una casa do oración y con una comunidad de hermanas que han recibido la gracia de una vocación orante. Les llena la vida buscar a Dios, desear a Dios, hacer oración. Hay personas, no sé si son muchas, que no hacen oración, no se les ocurre; les parece una cosa pueril, les daría vergüenza pedir algo a Dios, como les da vergüenza pedir limosna a otra persona. Pero hay personas también que hacen oración y oración frecuente, y sin embargo, les asalta la duda y dicen que no saben orar, o que no saben si oran bien.

Otras personas dicen que pedir a Dios es egoísmo, que lo honesto es confiar en Dios y dejar que él actúe sobre nuestra vida…

Lo que os deseo a todos, y a mí mismo, es que sintamos el mismo deseo que siente este discípulo de Jesús que le dice: “Señor, enséñanos a orar…”

Jesús, rezaba mucho y muy frecuentemente, era un alma orante; Jesús además enseñó a orar e hizo en muchas ocasiones observaciones sobre cómo hay que rezar. El evangelio de hoy es una excelente catequesis de Jesús a sus seguidores.

La primera palabra de su catequesis es lo más importante: “Cuando oréis decid: Padre…”. Dios es Padre, padre nuestro, padre de todos; padre y madre, padre de misericordia. Si Dios es Padre nuestro, nosotros somos hijos de Dios. Sentir que Dios es Padre, sentirme de verdad hijo suyo es la primera y más importante condición para poder orar, para querer hacer oración, y para saber orar. Dios es de verdad, de verdad, Padre mío y Padre de todos. “Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?”.

Jesús sigue la catequesis y nos enseña el “Padrenuestro”. Es la oración mejor de todas. San Agustín dice que en el padre nuestro esta contenido todo lo que los cristianos podemos pedir y todo lo que necesitamos. Quien de verdad se siente hijo de Dios no encuentra mejores palabras para hablar con su Padre, Dios, que el padrenuestro. El padrenuestro bien rezado, dicho despacio, con sentido, poniendo corazón de hijo, con fe y confianza. Y si lo recitamos en Iglesia, en comunidad, sintiéndonos hermanos y pensando en los hermanos…, no cabe mejor oración.

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”.

Jesús continúa esta mañana su catequesis y nos aconseja muy vivamente que hagamos oración de petición. Algunos dice que eso es egoísmo, que Dios ya sabe lo que necesitamos, que Dios no es un orgulloso que se quiere hacer de rogar.

Se puede pensar lo que se quiera, pero frente a todos esos prejuicios esta la frase contundente de Jesús: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”. Y no le basta con recomendar tan encarecidamente, e insiste: “Porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”.

Jesucristo nos dice que sí, que pidamos a Dios; no con la intención de manipularlo y traerlo a nuestro intereses materialista y egoístas; sino en la confianza de que somos criaturas de Dios e hijos de Dios, y que solos no podemos saber ni hacer lo que de verdad nos conviene.

En la eucaristía practicamos toda clase de oración: la acción de gracias, la alabanza, el perdón, la intercesión…, y, por supuestos, la oración de petición y el padrenuestro.

Como lo vamos a hacer ahora.