domingo, 6 de marzo de 2022

DOMINGO I DE CUARESMA (C)

-Textos:

            -Dt 26, 4-10

            -Sal 90, 1-2. 10-15

            -Ro 10, 8-13

            -Lc, 4, 1-13

 “El Espíritu lo fue llevando durante cuarenta días por el desierto, mientras era tentado por el diablo”.

Queridas hermanas benedictinas y queridos hermanos todos:

Hoy, con este domingo de las tentaciones de Jesús, comenzamos propiamente la cuaresma. Los días anteriores desde el Miércoles de Ceniza podemos considerarlos como el preludio de la cuaresma.

La cuaresma es un tiempo de gracia de Dios, antes que un tiempo de penitencia y ayuno. Dios en este tiempo tiene dispuesta una gracia específica para la Iglesia y para cada uno de nosotros. Recordemos palabras del miércoles de ceniza: “Ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el tiempo de la salvación”, “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestro corazón”.

La primera lectura nos ofrece el primer punto de reflexión. Trata del credo de Israel. Si nos damos cuenta no es un credo que desgrana dogmas o verdades sobre Dios, es un credo que cuenta una historia. Para expresar y justificar su fe aquellos israelitas que peregrinaban por el desierto cuenta su historia, unos acontecimientos que les ocurrieron a ellos en los que vieron palpable la mano de Dios: “Mi padre fue un arameo errante que bajó a Egipto… y allí se convirtió en un pueblo grande…Los egipcios nos maltrataron… entonces clamamos al Señor y escuchó nuestros gritos…El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte…”. Así los israelitas van contando su historia, Y reconocen que su historia es una historia de salvación. Dios ha intervenido continuamente en su historia salvándolos y liberándolos, hasta llevarlos a la tierra prometida.

Queridos hermanos: ¿Nuestra fe es una fe que puede contar uno y muchos acontecimientos ocurridos en mi vida donde veo palpable la mano de Dios, que me cuida, me da luz para tomar decisiones, valor para seguir luchando y amor para entregarme a hacer el bien al prójimo? “En Dios vivimos, nos movemos y existimos”, dice san Pablo. Mientras vivimos Dios está siempre con nosotros, como providencia, misericordia y amor. ¿Podemos decir y contar que creemos en Dios, porque tenemos experiencia de que hemos visto en nuestra vida la mano de Dios que nos ha ayudado, iluminado y nos ha dado la paz?

Y vengamos al evangelio: Jesús, llevado por el Espíritu al desierto, fue tentado por el diablo. Jesús, como hombre experimentó la tentación y venció la tentación. Cristo ha vencidos al demonio, al pecado y a la muerte. Si nosotros creemos en él y nos apoyamos en él, nosotros podemos vencer toda tentación: poder, dinero, fama, bienestar desmedido, olvido del prójimo… envidias y venganzas…, deseo de aparentar falsamente….

Jesucristo sabe de todo eso, y ha dado la vida para que nosotros nos beneficiemos de  la victoria que él ha logrado. Cristo vence, Cristo reina y nosotros podemos vencer con él, mediante la fe en él.

Y esta es la tarea del tiempo de cuaresma. Se nos llama a la conversión, pero a la conversión a la fe en Jesucristo.  Creer en Jesucristo de verdad, de una manera efectiva y realista: Aceptando sus valores y sus enseñanzas, que son: Por  encima de todo, la voluntad de Dios, el amor a Dios y amor al prójimo, pedir perdón y perdonar, solidaridad con el que sufre, ayuda al enfermo, dar testimonio claro de nuestra fe, para que otros hermanos descubran la providencia de Dios en su vida, y vengan a la fe.

Este es el ayuno que Dios quiere y la penitencia que nos lleva a experimentar la Pascua de Jesús y a resucitar como hombres y mujeres nuevos.