domingo, 20 de junio de 2021

DOMINGO XII T.O. (B)


-Textos:

            -Job 38, 1. 8-11

            -Sal 106. 23-26. 28-31

            -2Co 5, 14-17

            -Mc 4, 35-41

 “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

Queridas hermanas benedictinas y queridos hermanos todos:

¿No tenemos la impresión de que una fuerte tempestad azota a la Iglesia y que las olas rompen contra la barca  hasta casi llenarla de agua?

Los datos son muchos: muchos bautizados han dejado de venir a misa y cumplir el precepto dominical, muchos hijos de padres cristianos se desentiende de la fe que les han enseñado y dicen que ya no creen, parece que mucha gente ha perdido el sentido de lo sagrado, de la trascendencia; es claro que la presencia de la Iglesia y de la vida y las tradiciones cristianas no tienen la relevancia social que tenía hace pocos años…

Comprendemos muy bien el grito de los discípulos a Jesús: “¿No te importa que perezcamos?

Claro que a Jesús le importa nuestra fe y el rumbo de la Iglesia, pero está tranquilo, porque está seguro de que él es capaz de poner límites al mar  y calmar los huracanes y las tormentas.

“Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: ¡Silencio, enmudece! El viento cesó y vino una gran calma”.

Queridos hermanos todos: contemplemos detenidamente a Jesús, escuchemos atentamente lo que dice; él está en la barca, en la Iglesia, en  medio de nosotros creyentes: Jesucristo calma los huracanes, domina las  tempestades. Miremos a Jesús, vengamos cerca de él, le oímos decir y hacer: ¡Silencio, enmudece! El viento cesó y vino una gran calma”.

Jesucristo murió víctima del pecado, de la mentira, de la injusticia, de la traición y del abandono de muchos, pero “el viento cesó y vino una gran calma”. Jesucristo resucitó, venció a la muerte y al pecado. Y como Señor del cielo y de la tierra, ahora está con nosotros, en la barca, en la Iglesia.

Y nos dice hoy a nosotros: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

Conocemos todos aquel diálogo con Pedro: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”.

Hoy Jesús nos hace una llamada imperiosa, apremiante a creer en él: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe? A mayores dificultades, más fe; que nos sentimos minoría, más motivo para declararnos abiertamente cristianos; que sois jóvenes y os sentís solos en medio de un ambiente hostil y paganizado, más motivo para frecuentar a Jesús, escucharle y sentirlo cerca en medio de la tempestad, y oírle decir: ¡Silencio, enmudece!

Esta mañana, todos: jóvenes y mayores, seglares, vosotras contemplativas, yo indigno sacerdote, escuchemos a Jesús y aceptemos este suave reproche: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

Y vengamos a la eucaristía, al altar, hasta que en nuestro ánimo surja la admiración: “Pero ¿quién es este? ¡Hasta el viento y el mar le obedecen!