jueves, 8 de diciembre de 2022

FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Textos:

-Gén. 3, 9-15.20

-Sal. 97, 1-4

-Ef. 1, 3-6.11-12

-Lu. 1, 26-38

 

1º: El momento decisivo en el que Dios se hizo hombre está envuelto en un gran silencio. Es un acontecimiento que si sucediera en nuestro tiempo no dejaría rastro en los periódicos.

Grandes acontecimientos a menudo ocurren en un silencio que resulta mucho más fecundo que la agitación frenética que se vive en muchas ciudades.  Ese activismo impide escuchar a Dios, escuchar su Palabra.

A María, vemos en la escena de la Anunciación en silencio, un silencio que da pie a orar y escuchar la Palabra de Dios. Y María la escuchó, porque estaba en un silencio, contemplativo. Maria  en silencio escucha a Dios dentro de sí misma.

Y Dios, a través del ángel le habló y ella, en su silencio la escucho. Y en estas condiciones ocurrió el misterio salvador de la humanidad y del universo entero: el Verbo de Dios se hizo carne.

Cuantas veces nos dejamos ganar por la tentación del ruido, de vivir hacia afuera distraída por tantos quehaceres, preocupaciones y problemas. Pensamos que dando vueltas a esas preocupaciones los solucionaremos mejor. No confiamos en la fecundidad de un silencio que nos ayuda a entrar dentro de nosotros, a disponernos a la escucha de Dios en la oración, la meditación fecunda en ideas y luces que nos sitúan mejor ante los problemas, y sobre todo, nos disponen a oír la voz de Dios, de los hermanos y de nuestra conciencia.

2.-La salvación del mundo no es obra del hombre sino de la gracia de Dios. Nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Dios. Alcanzar al Dios infinito no está en nuestras manos  pobres, finitas y débiles.

La gracia de Dios hacia los hombres es su amor infinito y puro, divino y misericordioso, la gracia de Dios es el Hijo de Dios hecho hombre en el misterio de la encarnación.

Es muy importante pensar en esto: Dios salva mediante el amor, no cualquier amor, sino el suyo, un amor  infinito que es Cristo. Dios cree en el amor y por eso, para salvarnos, manda al Amor que es su Hijo.

Pero muchos de nosotros no creemos suficientemente en el amor que Dios nos ofrece y vamos buscando la plena felicidad en las cosas del mundo, que nos ofuscan y atraen. Pero las cosas no nos sacian, nos crean vacío que nos inclinan a las cosas que aumentan más aún el vacío. Por ejemplo, todos somos testigos de los efectos de la drogas. No creemos suficientemente en el amor. Nos dejamos engañas, pensamos que nos salva la ciencia, la técnica, las mil ofertas que la sociedad de consumo tan sugestivamente ofrece.

Dios quiere salvar al hombre por la gracia del amor. Envió a su Hijo que es la gracia infinita y pura, la gracia de las gracias. Y creyó conveniente llenar de gracia plena a María, haciéndola Madre de la gracia, encarnando a su Hijo en ella.

María, llena de amor, y con el Amor, que es Cristo, en su vientre nos está diciendo, que vivamos como Dios nos ama, para que podamos amar con un amor que desintoxican nuestros pulmones de amores que no sacian y aumentan el vacío en nuestra vida.

Podemos todos amar con el amor de Maria, con el amor de Cristo y que es Cristo mismo. Y sembrar el mundo de esperanza. Por bajo que pueda caer el hombre, nunca es demasiado bajo para Dios. Dios es siempre mayor que nuestro corazón. A Dios no le vencen nuestros pecados.

Celebrar la fiesta de la Inmaculada Concepción de María es despertar a la esperanza de un mundo cada vez mejor y a comprometernos a dar un testimonio de Amor que muestre a los hombres a una manera nueva de vivir  y de ir creando un mundo mejor y más habitable.