domingo, 14 de junio de 2020

FESTIVIDAD DE CORPUS CHRISTI


-Textos:

       -Dt. 8, 2-3. 14b-16a
       -Sal 147, 12-15. 19-20
       -1Co 10, 16-17
       -Jn 6, 51-58

Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos de un mismo pan”. “El que coma de este pan vivirá para siempre”.

Queridas hermanas benedictinas:

Hoy domingo y fiesta solemne del Cuerpo y la Sangre del Señor, el “Corpus Christi”. La Iglesia, y el pueblo cristiano, contando con las limitaciones especiales que tenemos a causa de la pandemia, celebramos con fe y alegría esta fiesta.

Hoy os invito especialmente a dar gracias a Dios. La eucaristía es el gran regalo que Dios nos hace a los seguidores de Jesús, a toda la humanidad y al cosmos entero.

Dios, en el Hijo, se hizo hombre para salvar a los hombres, y no le bastó este gesto de amor infinito; nació pobre en Belén para redimir a los pobres, y no le bastó; se hizo bautizar como pecador en el Jordán para liberarnos del pecado, y no le bastó; se acercó a los enfermos y desvalidos para curarlos, y no le bastó; murió por nosotros para librarnos del pecado y, sorprendeos, no le bastó; y, locura del amor divino, se hizo eucaristía, comida y alimento, para darnos vida eterna.

La eucaristía es, ciertamente la manifestación suprema del amor de Dios a los hombres; reúne en sí misma, como dice el concilio Vaticano II, todo el bien espiritual de la Iglesia: Cristo Jesús, nuestra Pascua.

Por eso, la respuesta espontánea que brota de un corazón creyente es la acción de gracias a Dios por el bien que nos hace.

La eucaristía, dice el papa Francisco, alegra el corazón de la Iglesia, porque la Iglesia sabe que la eucaristía cumple de manera espléndida la promesa de Jesús: “Yo estaré siempre con vosotros hasta el fin de los siglos”.

La eucaristía alimento para el camino de la vida, como fue el maná para los israelita que salieron de Egipto en busca de la tierra prometida; la eucaristía, misterio admirable de comunión con Jesucristo, participación en su vida vencedora de la muerte, y por él con él y en él misterio de alabanza y de comunión con Dios Padre en el Espíritu Santo.

Pero, hay más: Tomemos nota de la enseñanza de San Pablo en la segunda lectura: -“Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos de un mismo pan”.

La eucaristía establece la unión entre los creyentes, al comulgar con el Cuerpo y la Sangre del Señor nos hace hermanos y miembros de una familia, que participa de la misma vida y de los mismos sentimientos de Cristo Jesús: una misma fe, una misma esperanza, un mismo amor. Nos hace Pueblo de Dios, Iglesia santa, miembros del Cuerpo místico de Cristo. Y consecuentemente, un mismo proyecto de vida: trabajar por el Reino de Dios, viviendo y proponiendo el evangelio de Jesús, la palabra de Dios, los mandamientos, las bienaventuranzas, los sacramentos, la oración, para dar testimonio y anunciar el evangelio a todas las gentes.

La eucaristía, hermanas, máxima manifestación del amor de Dios en Cristo, y máxima fuente de energía para vivir la vida de fe con alegría y comunicarla a todos nuestros prójimos.